Flexibilización laboral y resistencia barrial
Por: Isabel Vargas Torres
Los barrios de Quito frente a la necedad de grandes empleadores y gobiernos neoliberales, exponemos lo siguiente:
La jornada de 8 horas laborales continúas, no es un capricho, sino el resultado de luchas históricas y estudios científicos que reconocen la necesidad de equilibrio entre trabajo, ocio y descanso. Cuando se pretende flexibilizar o ampliar esa jornada sin garantías, nos lleva a un esclavismo moderno, disfrazado de “competitividad” o “eficiencia”, en un momento en que el Ecuador está entre los primeros lugares como el país más peligroso del mundo para los trabajadores.
En países como Suiza, donde se reduce la jornada laboral, se entiende que la productividad no depende de exprimir al trabajador, sino de darle condiciones dignas para que pueda rendir mejor, vivir con salud y compartir con su familia. En Ecuador la Constitución establece claramente el límite de 8 horas continúas, sábado y domingo descanso obligatorio,
cualquier intento de imponer más tiempo bajo dependencia directa del empleador es una violación de la voluntad popular y de los derechos de los trabajadores, fundamentales.
Cuando se pone el tiempo humano al servicio exclusivo de la ganancia, se desconoce que detrás de cada jornada hay vidas, sueños, familias y cuerpos que necesitan cuidado. El trabajador no es una máquina, es el verdadero generador de la riqueza, y su dignidad debe estar en el centro de cualquier acuerdo social.
Contra esta medida, la unidad del pueblo es el camino y la lucha organizada es garantía de victoria.

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