jueves, 12 de marzo de 2026

Las relaciones EE.UU.– Ecuador


Las relaciones EE.UU.– Ecuador


El acuerdo de Doral, firmado bajo el rótulo de “Escudo de las Américas”, se presenta como un pacto de cooperación contra el narcotráfico. Sin embargo, lo que se oculta tras ese discurso es la vieja receta del intervencionismo estadounidense y la sumisión de nuestros gobernantes.


 Bajo el disfraz de cooperación, se esconde la doble moral de EE.UU. que es el mayor consumidor de drogas y cuyo presidente indultó a Juan Orlando Hernández quien cumplía una pena por traficar a ese país 400 toneladas de droga. Pero utiliza esa bandera para justificar su intervención y mantener su hegemonía mundial en la disputa Inter imperialista con China.


La historia latinoamericana ofrece suficientes antecedentes para entender este guion. Desde Guatemala en 1954, Chile en 1973 o República Dominicana en 1965, los pueblos han sido víctimas de invasiones, golpes y ocupaciones que respondían a intereses externos. La sangre latina también se derramó en guerras que no eran nuestras: cientos de miles de hispanos sirvieron en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, invisibilizados en las estadísticas oficiales. Más recientemente, jóvenes migrantes como José Antonio Gutiérrez, nacido en Guatemala, fue enviado a morir en Irak, recordándonos que nuestros pueblos han sido usados como carne de cañón.


En Ecuador, la política neoliberal del gobierno de Noboa y el sometimiento al imperialismo norteamericano profundiza esta dependencia, alineando al país con la estrategia de Washington en detrimento de los intereses populares. A partir del 15 de marzo, con la imposición del “toque de queda”, serán los barrios populares quienes carguen con las consecuencias: militarización de las calles, jóvenes convertidos en desechables para guerras ajenas, territorios devastados por la minería y un modelo neoliberal que normaliza la precariedad y la pobreza y prioriza la reactivación económica únicamente de los grandes grupos de poder.

Flexibilización laboral y resistencia barrial

 Flexibilización laboral y resistencia barrial 


Por: Isabel Vargas Torres 


Los barrios de Quito frente a la necedad de grandes empleadores y gobiernos neoliberales, exponemos lo siguiente:

La jornada de 8 horas laborales continúas, no es un capricho, sino el resultado de luchas históricas y estudios científicos que reconocen la necesidad de equilibrio entre trabajo, ocio y descanso. Cuando se pretende flexibilizar o ampliar esa jornada sin garantías, nos lleva a un esclavismo moderno, disfrazado de “competitividad” o “eficiencia”, en un momento en que el Ecuador está entre los primeros lugares como el país más peligroso del mundo para los trabajadores. 

En países como Suiza, donde se reduce la jornada laboral, se entiende que la productividad no depende de exprimir al trabajador, sino de darle condiciones dignas para que pueda rendir mejor, vivir con salud y compartir con su familia. En Ecuador la Constitución establece claramente el límite de 8 horas continúas, sábado y domingo descanso obligatorio,


cualquier intento de imponer más tiempo bajo dependencia directa del empleador es una violación de la voluntad popular y de los derechos de los trabajadores, fundamentales.


Cuando se pone el tiempo humano al servicio exclusivo de la ganancia, se desconoce que detrás de cada jornada hay vidas, sueños, familias y cuerpos que necesitan cuidado. El trabajador no es una máquina, es el verdadero generador de la riqueza, y su dignidad debe estar en el centro de cualquier acuerdo social.


Contra esta medida, la unidad del pueblo es el camino y la lucha organizada es garantía de victoria.