Las relaciones EE.UU.– Ecuador
El acuerdo de Doral, firmado bajo el rótulo de “Escudo de las Américas”, se presenta como un pacto de cooperación contra el narcotráfico. Sin embargo, lo que se oculta tras ese discurso es la vieja receta del intervencionismo estadounidense y la sumisión de nuestros gobernantes.
Bajo el disfraz de cooperación, se esconde la doble moral de EE.UU. que es el mayor consumidor de drogas y cuyo presidente indultó a Juan Orlando Hernández quien cumplía una pena por traficar a ese país 400 toneladas de droga. Pero utiliza esa bandera para justificar su intervención y mantener su hegemonía mundial en la disputa Inter imperialista con China.
La historia latinoamericana ofrece suficientes antecedentes para entender este guion. Desde Guatemala en 1954, Chile en 1973 o República Dominicana en 1965, los pueblos han sido víctimas de invasiones, golpes y ocupaciones que respondían a intereses externos. La sangre latina también se derramó en guerras que no eran nuestras: cientos de miles de hispanos sirvieron en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, invisibilizados en las estadísticas oficiales. Más recientemente, jóvenes migrantes como José Antonio Gutiérrez, nacido en Guatemala, fue enviado a morir en Irak, recordándonos que nuestros pueblos han sido usados como carne de cañón.
En Ecuador, la política neoliberal del gobierno de Noboa y el sometimiento al imperialismo norteamericano profundiza esta dependencia, alineando al país con la estrategia de Washington en detrimento de los intereses populares. A partir del 15 de marzo, con la imposición del “toque de queda”, serán los barrios populares quienes carguen con las consecuencias: militarización de las calles, jóvenes convertidos en desechables para guerras ajenas, territorios devastados por la minería y un modelo neoliberal que normaliza la precariedad y la pobreza y prioriza la reactivación económica únicamente de los grandes grupos de poder.

